No esperaba que Digger me fuera a divertir tanto.
La nueva película de Alejandro G. Iñárritu es una sátira enorme, exagerada y por momentos completamente absurda, pero tiene algo que se agradece mucho: personalidad. Y en medio de todo eso, Tom Cruise entrega una de esas interpretaciones que recuerdan por qué sigue siendo una estrella capaz de hacer prácticamente lo que quiera frente a una cámara.
Iñárritu toma temas como el poder, el dinero, el ego, la fama y la necesidad de sentirse indispensable, y los lleva hasta un terreno en el que todo puede convertirse en una exageración. Digger no intenta ser una película solemne sobre estos temas; prefiere reírse de ellos, llevarlos al límite y construir alrededor de eso una historia que puede ser tan disparatada como entretenida.
Y funciona.
La sátira es, para mí, uno de los mayores aciertos de la película. Hay algo muy disfrutable en la manera en que se burla de ciertas figuras de poder y de esa idea de que siempre tiene que aparecer alguien convencido de que él puede solucionar aquello que ayudó a provocar.
La narrativa también me gustó mucho. No es una película que tenga miedo de desviarse, exagerar o llevar una situación más lejos de lo que uno espera. En algunos momentos puede sentirse demasiado larga o incluso un poco desordenada, y no todas sus ideas tienen el mismo peso. Pero incluso esos excesos forman parte de una película que nunca parece tener miedo de hacer algo diferente.
Y eso se agradece.
Tom Cruise está excepcional.
Digger Rockwell está muy lejos de los personajes que normalmente asociamos con Cruise. Aquí no está el héroe perfecto ni el hombre de acción que tiene siempre una respuesta. Es un personaje mucho más extravagante, egoísta, ridículo y vulnerable, y Cruise abraza todo eso con una libertad que resulta particularmente divertida.
Se nota que está disfrutando el personaje.
Y eso termina contagiándose.
Pero Digger no funciona solamente por Cruise. El reparto está muy bien y consigue entrar en el tono que propone Iñárritu, incluso cuando la película lleva las situaciones hasta extremos bastante particulares. Es un elenco que entiende que aquí no se trata de competir con la extravagancia del protagonista, sino de acompañarla y darle sentido.
También está la fotografía de Emmanuel Lubezki, que vuelve a demostrar por qué su trabajo resulta tan importante para este tipo de películas. Digger es visualmente espectacular, pero no se siente como una película construida únicamente para presumir su escala. Hay imágenes enormes y escenarios impresionantes, pero también momentos mucho más contenidos que ayudan a mantener cierto equilibrio.
Y después está el guion, que probablemente sea uno de los elementos que más disfruté.
No porque sea perfecto. No lo es.
Hay momentos en los que la película parece tener demasiadas cosas que decir al mismo tiempo y algunas ideas podrían haberse desarrollado de otra manera. Pero tiene algo que muchas superproducciones terminan perdiendo: una voz propia.
Digger no parece diseñada siguiendo una fórmula.
Y eso, en una película de esta escala, resulta refrescante.
También disfruté mucho el humor. Es una película que puede ser muy cómica sin dejar de tener debajo temas bastante serios. Esa combinación funciona porque Iñárritu nunca parece estar demasiado preocupado por separar perfectamente la comedia del drama. Todo puede convivir en el mismo espacio.
Quizá esa sea una de las cosas que más disfruté de la película: nunca tuve la sensación de estar viendo otra producción de Hollywood intentando repetir algo que ya funcionó.
Digger es rara. Es exagerada. A veces se pasa de la raya y seguramente habrá espectadores a los que su propuesta les resulte demasiado.
A mí me funcionó.
Me gustó su sátira, disfruté su narrativa, me encantó la fotografía y creo que Tom Cruise está extraordinario. El resto del elenco acompaña muy bien una historia que, por momentos, parece estar disfrutando tanto de su propia locura como uno desde la butaca.
No creo que Digger sea una película perfecta, y tampoco necesita serlo.
Es ambiciosa, extraña, divertida y por momentos excesiva. Pero también tiene personalidad, algo que cada vez se encuentra menos en las grandes producciones.
Y después de ver tantas películas que parecen tener miedo de arriesgarse, se agradece que una producción de este tamaño simplemente decida hacer algo diferente.
Yo me divertí.
Y, al final, eso también cuenta.