Ian Gillan tiene 81 años. Ian Paice también pertenece a una generación para la que el paso del tiempo debería haber cambiado las reglas. Don Airey y Simon McBride, desde sus respectivos instrumentos, completan una formación que tiene frente a sí más de medio siglo de historia.
Pero cuando Deep Purple comenzó a tocar en Chula Vista, la edad dejó de ser el dato más importante.
Lo fue la música.
El North Island Credit Union Amphitheatre recibió el 8 de septiembre a Deep Purple como parte de la gira SPLAT!, acompañados por Kansas y Jefferson Starship. La noche reunió a dos bandas fundamentales para entender la evolución del hard rock y a un público que, aunque mayoritariamente pertenecía a la generación que creció con su música, también incluía familias y jóvenes que han encontrado esas canciones muchos años después de su lanzamiento.
Y quizá ahí estuvo una de las cosas más interesantes del concierto.
Deep Purple no solamente estaba celebrando su historia.
También estaba comprobando que esa historia todavía puede llegar a alguien que no la vivió originalmente.

Una noche para dos generaciones
Kansas tuvo la responsabilidad de abrir la noche que yo pude presenciar y dejó una impresión contundente.
Otra banda legendaria, otra formación con décadas de historia y otro ejemplo de músicos que ya no necesitan presentaciones para imponer su presencia sobre un escenario.
Su sonido fue impecable y canciones como “Dust in the Wind”, “Point of Know Return” y “Carry On Wayward Son” encontraron rápidamente su lugar dentro de una noche construida alrededor del legado del rock.
El ambiente, sin embargo, fue bastante tranquilo.
No era una noche de grandes explosiones de energía por parte del público. Predominaban los asistentes mayores, muchos de ellos pertenecientes a la misma generación que vio nacer y crecer a estas bandas.
Pero entre ellos también había jóvenes.
Y había familias.
Padres y madres que llegaron con sus hijos e hijas para escuchar canciones que probablemente forman parte de sus propias historias familiares. Algunas de esas nuevas generaciones pudieron conocer a Deep Purple a través de sus padres, de amigos o incluso de videojuegos como Rock Band.
De pronto, canciones escritas décadas atrás estaban siendo escuchadas por personas que no habían nacido cuando fueron grabadas.
Eso dice bastante sobre lo que significa realmente que una canción trascienda.
Deep Purple pone la música al frente
La producción de Deep Purple fue mucho más sencilla de lo que podría esperarse de una banda con semejante trayectoria.
No necesitó una gran cantidad de elementos para llenar el escenario.
Los músicos ocuparon prácticamente todo el protagonismo, acompañados por una pantalla gigante detrás de ellos donde aparecieron animaciones y secuencias cinematográficas relacionadas con los temas interpretados. La iluminación estuvo muy bien utilizada, pero sin convertirse en el espectáculo principal.
La atención estaba en la banda.
Y probablemente no podía ser de otra manera.
Deep Purple llegó con un repertorio que mezcló distintas etapas de su carrera. “Highway Star”, “Into the Fire”, “Lazy”, “When a Blind Man Cries”, “Perfect Strangers”, “Space Truckin’” y “Smoke on the Water” convivieron con “A Bit on the Side” y “Lazy Sod”, además de tres canciones de SPLAT!: “Arrogant Boy”, “Diablo” y “Guinnesis”.
Eso es importante porque SPLAT! no funciona únicamente como una excusa para volver a salir de gira.
La banda todavía está haciendo música nueva.
Y presentar esas canciones junto a algunas de las piezas más importantes de su catálogo habla de una agrupación que no quiere vivir exclusivamente de su pasado.

Gillan carga con el peso de la historia
Ian Gillan es probablemente el integrante sobre el que más pesa físicamente el paso de los años.
A sus 81 años, se nota que estar sobre un escenario durante un concierto de rock ya no es una tarea sencilla. Sus movimientos son más limitados y el esfuerzo resulta visible.
Pero también sería injusto quedarse solamente con eso.
Gillan todavía pone energía y poder en cada canción.
Su voz y su presencia cargan con décadas de historia, pero no se percibe como alguien que simplemente está cumpliendo con una obligación. Hay intención en su interpretación y una energía que aparece cada vez que la música lo exige.
Del otro lado del escenario, Ian Paice ofreció una de las demostraciones más contundentes de la noche.
Su edad podría hacer pensar que aquellas canciones tendrían que tocarse con menor intensidad.
No fue así.
La batería sonó potente, firme y precisa. Paice cargó buena parte del peso del concierto sobre sus hombros como si el tiempo no hubiera pasado por él.
Y ahí aparece una de las particularidades de ver a Deep Purple en 2026: físicamente, el paso del tiempo es evidente; musicalmente, muchas de las cosas que hicieron de la banda una referencia siguen ahí.
Airey y McBride mantienen vivo el lenguaje de Deep Purple
Don Airey tuvo una participación particularmente destacada.
Su interpretación fue brillante y precisa, pero además tuvo la capacidad de darle forma a la atmósfera de la noche. Su solo de teclado fue uno de los momentos más destacados del concierto, una muestra de la experiencia de un músico que entiende perfectamente cómo utilizar su instrumento dentro del lenguaje de Deep Purple.
Simon McBride tuvo otra tarea complicada.
Tomar una guitarra y enfrentarse a riffs y solos que forman parte de la memoria colectiva del rock nunca puede ser sencillo.
McBride lo hizo con autoridad.
Su guitarra fue imponente durante toda la presentación y sus solos tuvieron la fuerza necesaria para mantener intacto el carácter de las canciones.
No se trataba de intentar reproducir una fotografía del Deep Purple de otra época.
Era una banda veterana interpretando su propia música con una formación que entiende perfectamente cómo hacerlo.
Y aunque el peso de la historia está presente en cada canción, la cohesión entre los músicos sigue siendo evidente.

El legado no está solamente en el pasado
Hay una diferencia importante entre celebrar un legado y vivir exclusivamente de él.
Deep Purple hace ambas cosas, pero no de la misma manera.
Por un lado, es imposible separar a la banda de canciones que ayudaron a definir el hard rock. “Smoke on the Water”, “Highway Star”, “Lazy” o “Space Truckin’” no necesitan explicación.
Por otro, SPLAT! demuestra que todavía existe inquietud creativa.
La propia gira está construida alrededor de ese nuevo material, y el repertorio de Chula Vista reservó un espacio considerable para las canciones recientes.
Eso cambia ligeramente la percepción.
No estás viendo solamente a una banda que decidió regresar para tocar sus grandes éxitos.
Estás viendo a músicos veteranos que todavía quieren hacer canciones, presentarlas frente a un público y ponerlas a convivir con aquellas que llevan décadas formando parte de su identidad.
Verlos hoy también significa aceptar el paso del tiempo
Después de más de medio siglo de historia, Deep Purple ya no tiene nada que demostrar.
Su lugar en el rock está establecido.
La energía física de la banda sí ha cambiado y eso forma parte de esta etapa. Es imposible no notarlo, especialmente en Gillan.
Pero hay algo que permanece.
El sonido.
La precisión.
La personalidad.
Y esa sensación de estar frente a músicos que conocen perfectamente las canciones que están tocando.
Son leyendas en acción.
No porque intenten recrear lo que fueron hace 40 o 50 años, sino porque todavía pueden salir a un escenario y hacer que esas canciones funcionen.
En ocasiones, eso es suficiente.

Cuando una canción deja de pertenecerle a una generación
Lo que más me llevé de esta noche no fue una canción específica.
Fue observar quién estaba escuchándolas.
Deep Purple pertenece a una generación que ayudó a construir el hard rock, pero sus canciones ya no pertenecen exclusivamente a esa generación.
Las nuevas generaciones las han descubierto de distintas maneras.
Algunos a través de sus padres.
Otros por amigos.
Otros mediante videojuegos, películas, plataformas digitales o simplemente porque una canción terminó llegando hasta ellos.
Y cuando esas personas llegan a un concierto, ocurre algo interesante: dejan de ser canciones antiguas.
Se convierten nuevamente en canciones en vivo.
Eso fue lo que vi en Chula Vista.
Padres y madres compartiendo el escenario con sus hijos. Jóvenes cantando canciones que fueron grabadas mucho antes de que ellos nacieran. Personas que probablemente llegaron al concierto por influencia de alguien más y que ahora están construyendo su propia relación con Deep Purple.
Eso es trascender generaciones.
No significa que el tiempo no haya pasado.
Significa que, a pesar del tiempo, la música todavía encuentra dónde quedarse.
Deep Purple salió al escenario como una banda con más de medio siglo de historia.
Y salió de él demostrando algo que quizá sea todavía más difícil que convertirse en leyenda:
seguir encontrando personas que quieran escucharla.
Las canciones de la noche
El repertorio de Chula Vista recorrió distintas etapas de Deep Purple y combinó clásicos de su catálogo con material de SPLAT! y * =1*.
- Mars, the Bringer of War
- Highway Star
- A Bit on the Side
- Into the Fire
- Guitar Solo
- Arrogant Boy
- Lazy Sod
- Keyboard Solo
- Lazy
- When a Blind Man Cries
- Diablo
- Keyboard Solo
- Perfect Strangers
- Space Truckin’
- Smoke on the Water
- Guinnesis
- Hush
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