La nueva Supergirl llega con la intención de presentar una versión muy distinta a la que vimos recientemente en Superman. Mientras aquella apostaba por un héroe más humano y optimista, esta película busca explorar un lado más oscuro y complejo de Kara Zor-El. Sobre el papel, la propuesta resulta interesante. En la práctica, el resultado termina siendo mucho más superficial de lo que aparenta.
La historia se desarrolla como una aventura espacial que recuerda constantemente a franquicias como Star Wars y Guardians of the Galaxy. Hay planetas lejanos, cantinas repletas de criaturas alienígenas, mercenarios, persecuciones y escenarios que parecen sacados directamente de una galaxia muy, muy lejana. El problema es que, entre tanto espectáculo visual, la película pierde de vista a sus personajes.
La trama gira alrededor de Ruthye y su búsqueda de venganza, una motivación que nunca termina de sentirse lo suficientemente sólida para sostener el peso de la historia. Por otro lado, la participación de Supergirl en la aventura tampoco resulta mucho más convincente. Su decisión de involucrarse debido al secuestro de Krypto termina pareciendo una excusa demasiado simple para poner en marcha toda la narrativa.
Uno de los aspectos más comentados por la crítica ha sido la interpretación de Milly Alcock, y si bien logra construir una protagonista carismática, el guion no le ofrece demasiado espacio para desarrollar la profundidad emocional que la película promete. Algo similar ocurre con el villano. Krem funciona como un obstáculo para los protagonistas, pero nunca alcanza la presencia o el peso necesarios para convertirse en una amenaza memorable.
La película intenta tocar temas como la pérdida, el trauma, la explotación de personas y la redención, pero rara vez profundiza en ellos. Son ideas interesantes que aparecen constantemente, aunque siempre de manera superficial, como si estuvieran ahí únicamente para mover la historia de una escena a otra.
Las secuencias de acción son más violentas y físicas que las vistas en otras producciones recientes de DC, pero también carecen de impacto emocional. Hay golpes, destrucción y efectos visuales por todas partes, pero pocas veces existe una verdadera sensación de riesgo o involucramiento con lo que ocurre en pantalla. De hecho, el uso excesivo de efectos digitales termina haciendo que buena parte de la película luzca artificial y plástica.
Eso no significa que Supergirl sea una mala película. Tiene buenas ideas, momentos entretenidos y una protagonista que funciona dentro de este nuevo universo. Sin embargo, la sensación general es la de una producción que confía demasiado en su apartado visual y muy poco en el desarrollo de sus personajes y su historia.
Al final, Supergirl se presenta como una aventura espacial ambiciosa que quiere hablar de temas complejos, pero que rara vez profundiza en ellos. Entretenida por momentos, visualmente llamativa y con una identidad clara, pero lejos de convertirse en la experiencia emocional que prometía ser.