San Diego, California | Cal Coast Credit Union Open Air Theatre
Tres décadas de carrera pueden convertirse fácilmente en un ejercicio de nostalgia. Para O.A.R., la celebración parece tener otro significado: volver a encontrarse con las canciones, los recuerdos y, sobre todo, con las personas que llevan años haciendo de su música parte de sus propias historias.
Eso fue lo que ocurrió en el Cal Coast Credit Union Open Air Theatre durante la parada en San Diego del Three Decades Tour, una gira que conmemora los 30 años de trayectoria de la banda. El recinto no llegó a llenarse, pero la cantidad de personas reunidas frente al escenario fue suficiente para dejar algo muy claro: quienes estaban ahí no habían llegado por casualidad.
La mayoría conocía las canciones.
Y no solamente las conocía. Las vivía.

Marc Roberge pasó buena parte de la noche hablando con el público sobre los primeros años de O.A.R., los discos que marcaron el camino de la banda y distintas anécdotas de su trayectoria. También recordó visitas anteriores a San Diego, haciendo que la presentación adquiriera una sensación particularmente cercana.
Por momentos, más que un concierto de una banda con tres décadas de carrera, aquello parecía una reunión entre viejos amigos.
Esa sensación se extendió a la música.
O.A.R. puede moverse por diferentes momentos de su catálogo sin que el público pierda conexión. Una canción de sus primeros años puede provocar la misma reacción que una perteneciente a una etapa posterior, y el salto hacia material más reciente tampoco rompe el vínculo.
Hay algo importante detrás de eso: la banda no necesita escoger una época para representar quién es.
Puede tocar canciones de prácticamente cualquier momento de su trayectoria y encontrar frente al escenario a personas que saben exactamente qué canción es, qué viene después y cómo responder.
La cohesión de los músicos ayuda a explicar por qué.
Después de treinta años compartiendo escenarios, existe una familiaridad evidente en la manera en que O.A.R. interpreta su repertorio. No parece una banda preocupada por demostrar cuánto sabe tocar. La experiencia está incorporada en la ejecución: cada instrumento encuentra su lugar, las transiciones suceden con naturalidad y los músicos parecen entenderse sin necesidad de convertir cada momento en una demostración individual.
Pero la verdadera dimensión de esa relación apareció en algo mucho más pequeño.
Cuando llegó “That Was a Crazy Game of Poker”, algunos de los seguidores más entregados sacaron barajas y comenzaron a lanzar naipes al aire.
Para alguien que observa el concierto desde afuera podría parecer una ocurrencia espontánea.
Para quienes conocen a O.A.R., es otra cosa.
Es una tradición.

Un ritual que la comunidad de seguidores ha incorporado a la canción y que forma parte de la experiencia de verla en vivo. La banda toca el tema y el público sabe qué hacer.
Ese momento dice mucho más sobre los 30 años de O.A.R. que cualquier cifra.
Porque existen canciones que la gente escucha.
Y existen canciones alrededor de las cuales una comunidad construye sus propias costumbres.
La noche también tuvo espacio para colaboradores especiales. Lisa Loeb apareció junto a O.A.R. durante “The Stranger”, mientras Nicholas Radina acompañó a la banda en “Hey Girl”. El repertorio también encontró espacio para una versión de “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town”, de Pearl Jam, además del medley “City on Down / With or Without You / All Too Well”.
Más que utilizar estas canciones como simples sorpresas dentro del set, O.A.R. las incorporó a un espectáculo que nunca perdió de vista la relación con quienes estaban frente al escenario.
Y ahí está quizá la mejor manera de entender el Three Decades Tour.
No se trata solamente de celebrar cuánto tiempo lleva tocando O.A.R. Se trata de celebrar que, después de treinta años, todavía existe una comunidad capaz de reconocer cada canción y convertirla en parte de una experiencia colectiva.

Eso también explica por qué O.A.R. funciona particularmente bien en vivo.
He visto a la banda anteriormente y, cada vez que vuelvo a encontrarme con ella sobre un escenario, resulta más evidente el nivel de cohesión que solamente puede construirse después de tantos años tocando juntos. Existe un dominio absoluto de su repertorio y, al mismo tiempo, una capacidad muy natural para interactuar con un público que conoce perfectamente sus códigos.
La diferencia es que esta vez el aniversario hizo visible algo que quizá normalmente pasa desapercibido.
O.A.R. ya no solamente tiene un catálogo de canciones. Tiene una comunidad que sabe exactamente qué hacer con ellas.
Tres décadas después de comenzar el camino, la banda puede cambiar de época, de canción o incluso de estilo dentro de un mismo concierto y provocar prácticamente la misma respuesta.
Eso es lo que realmente merece celebrarse.
No solamente que O.A.R. siga tocando después de 30 años.
Sino que, después de todo ese tiempo, sus canciones todavía encuentran a alguien dispuesto a cantarlas, recordarlas y, en algunos casos, hasta lanzar una baraja al aire cuando llega el momento indicado.
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